Aprendí que la gente se acostumbra a todo y a lo malo
y aunque sea triste, el tiempo no vuelve
y nos obliga a entender que nada llega solo y nada se va completamente.
Aprendí que cada acción vale para la historia,
y que el mejor regalo ya me lo dieron pero todavía quedan mejores por llegar
por que cada etapa cambia lo que necesitamos y esperamos recibir.
Aprendí que todos los finales son indefinidos y que no existen absolutos,
pero las verdades no tienen dos caras, no importa la moral que elijas.
Aun habiendo preferido no mirar, cada mirada nos cambia la vida.